La segunda desaparición de Paula Perassi

Por Carlos Del Frade

Paula Perassi fue desaparecida el 18 de septiembre de 2011.

Iba a ser mamá. Le indujeron un aborto ilegal que no quería.

La mataron. Nadie supo, nunca más, qué hicieron con su cuerpo.

Una trama mafiosa trabajó a la perfección.

Estaba constituida por policías corruptos, jueces que siempre tuvieron miedo y fueron receptivos de los teléfonos políticos y empresariales.

Eso es San Lorenzo.

El inicio del sueño sanmartiniano de la patria grande y el punto de mayor concentración de dinero procedente de las exportaciones argentinas, en la actualidad.

Una geografía contradictoria donde es común encontrar huellas del narcotráfico, lavado de dinero, cereal en negro, contaminación ambiental, accidentes laborales mortales, prostitución infantil, por un lado; y cientos de mujeres y hombres que luchan por un presente de mayor dignidad.

Paula Perassi fue tragada por las pesadas sombras de esa realidad contradictoria e impune.

El jueves dos de mayo de 2019, en el edificio del Centro de Justicia Penal rosarina, el fallo de un tribunal integrado por la jueza Griselda Strólogo, Alvaro Campos y Mariel Minetti, absolvió a los nueve desaparecedores de Paula.

Escuchamos la versión de los acusadores de lo que supuestamente habría sucedido con Paula, versión de los hechos que no surgió de investigaciones estatales, sino de una serie de datos y comentarios recolectados desde el dolor por su ausencia, armados por el imaginario popular que se fue alimentado con el tiempo y clamor social – leyó la jueza provincial de Santa Fe, Griselda Strólogo.

Agregó que “se necesitaba de esfuerzos mucho mayores de los investigadores para su esclarecimiento y no simples promesas de funcionarios, ya que se partía de la enorme dificultad de no tener escena del crimen, ni el cuerpo, ni restos de la víctima”.

No hay cuerpo, no hay delito.

Como en la dictadura de las desapariciones.

Los desaparecidos no están, como dijera Jorge Videla.

“La enorme dificultad de no tener escena del crimen, ni el cuerpo, ni restos de la víctima”, fue la frase que recicló el concepto de entonces.

Después vendría la segunda máscara.

Argumentar la ausencia de pruebas objetivas.

La macabra síntesis para justificar la cobardía judicial, la corrupción policial y el silencio cómplice de ciertos nichos de la política.

Para la jueza, “no existen delitos perfectos ni imposibles de probar, sino deficiencias investigativas que no logran acreditarlos con certeza. Se acusó a personas y se pidieron penas perpetuas, pero para lograr que los jueces podamos imponerlas, no es suficiente sólo un relato. Quien lo solicita debe probarlo y no debe tener fisuras en su postura, deben lograr dar contundencia y no dejar dudas que las cosas sucedieron tal como se las afirma…Una condena no depende de lo que se cuenta, sino de lo que efectivamente se prueba”, añadió.

El tribunal dejó de lado el imperativo del nuevo sistema penal santafesino basado en los testimonios, por eso la centralidad de la oralidad por encima de los expedientes, aquella vieja usanza que venía desde los tiempos de la dominación española.

Porque los jueces no investigan, como bien dijo la doctora Strólogo, sino que deben fallar de acuerdo a su profunda convicción.

No se habló de convicciones, se habló de pruebas objetivas que faltaron.

Un escondite para no poner el cuerpo.

La resolución fue impactante. Alicia, la mamá de Paula, no pudo con la angustia y debió ser internada. Alberto, el papá, apenas ironizó que menos mal que no lo metieron preso a él.

Ahora los desaparecedores estarán en libertad.

Pero nada será igual en San Lorenzo.

Paula Perassi divide el presente en un antes y un después de la sentencia.

Por la tarde del jueves, cientos y cientos de personas abrazaron a la familia y condenaron la decisión del triunvirato judicial.

Lo cierto es que la desaparición de personas, tal como sucedía con los jueces federales durante el terrorismo de estado cuando rechazaban los hábeas corpus presentados por las familias de las y los secuestrados, sigue teniendo personas que reciclan su lógica a la hora de construir impunidad.

Los policías absueltos eran, justamente, los que debieron investigar y destruyeron cualquier evidencia. Los que ya venían trabajando para construir otras impunidades en ese paraíso de dinero legal e ilegal que es el departamento San Lorenzo.

La democracia no ingresó de forma completa en los servicios públicos de justicia en las provincias argentinas.

La segunda desaparición de Paula Perassi demuestra, una vez más, la fenomenal impunidad de las mafias.

Queda como esperanza la respuesta popular, la indignación y la necesidad de insistir hasta que el presente se parezca más a los sueños que a las pesadillas impuestas por los que son pocos.

 

Fuente: Diario “La Capital”, viernes 3 de mayo de 2019; entrevistas y trabajos previos del autor de esta nota.